jueves, 17 de junio de 2010

>> La lista de cosas pendientes

Estábamos cenando con amigos, alguien trajo a colación una anécdota de aquellos años de secundaria y del viaje a Bariloche. Está bueno escuchar historias, siempre lo pienso, me gustan las anécdotas, reírse de aquello que alguna vez pudo ser un trágico dolor de cabeza y hoy no es más que un recuerdo tragicómico...

Solemos encontrarnos un viernes al mes, sentarnos en el mismo bar casi a la misma hora a tomar una cerveza, comer algo ligero y "ponernos un poco al día", reírnos una y otra vez de los mismos cuentos y ¿por qué no? charlar de nuevos proyectos.

Esa noche todas las anécdotas giraron en torno al viaje de egresados, está bueno, porque siempre recuerdan algo que no habían contado, pero esta noche me preguntaron : "¿nunca viajaste finalmente a Bariloche?", y me costó en el momento entender el "finalmente"... porque tuve por primera vez la sensación de "¿lo tendría que haber hecho?", pues de pronto sentí como si debiera haber sido una misión en mi vida, pero respondí "no, no fui al viaje en aquel entonces y tampoco sentí ganas de ir después...", a lo que conviene aclarar: imagino que Bariloche debe ser un lugar hermoso, pero no lo considero una exigencia elemental en mi vida.

Luego, repentinamente, cambiamos de tema y cada uno empezó a explayar su interminable lista de Cosas Pendientes, era algo casi maravilloso... Algunos esperaban alguna vez poder hacer "su fiesta de 15", algo así como esperar festejar los 30 con una fiesta maravillosa y un hermoso vestido, algunas pensaban reemplazar esa fiesta perdida con un casamiento espectacular, un amigo recordó aquella vez que no alcanzó a sacar las entradas para ir a ver a Argentina jugar las eliminatorias para el mundial, pero "algún día lo va a hacer"...

De pronto sentí que todos tenían deudas, que cada uno había hecho una especie de pacto consigo mismo de lograr determinadas cosas, en su mayoría para nada fundamentales.

Me fui esa noche a casa como cada noche... caminando, porque no es muy lejos ni tengo presupuesto, pensé "cuando tenga plata voy a andar en remís" y me reí para mis adentros, pensé en la forma ridícula en la que vamos sumándole a la vida cuentas pendientes, metas sin sentido, que además se van tornando acumulativas, porque sumamos nuevas promesas sin haber cumplido ninguna de las anteriores... y pensé "seguramente muera antes de hacer tantas cosas..." y entendí que uno no puede pretenderlas todas.

Tomé mi lapicera mental y taché cosas de mi lista de pendientes imaginaria, la cual noté que era bastante corta... no pienso "algún día casarme y tener hijos", ni "tener mucho dinero" o "una gran casa y un auto", no pretendo "viajar al rededor del mundo y conocer cosas maravillosas"... no lo pienso ni lo pretendo, pero tampoco lo descarto.

Por lo pronto pienso en levantarme temprano a estudiar mañana para aprobar el examen. Luego me embarcaré en la tarea de ir rindiendo uno a uno los exámenes restantes para recibirme.

Decidí que por ahora acabar mis estudios es mi cuenta pendiente, y si en ese camino me caso, tengo hijos y una casa, un trabajo o hago un gran viaje por Europa y conozco cosas maravillosas...bueno, no estaría nada mal... ¿no?

1 comentario:

Eliel González. dijo...

Amm, si. A ver, especificame que es lo que no entiendes bien para poder aclarartelo.